Pero creo que lo realmente extraño, lo que hacía que ocurrieran las cosas que ocurrián, y que atrajera a las personas que atraía (no solo los que vivíamos ahí sino también todas las "visitas"). Era la configuración per se de la casa. Era (y es) una casa vieja, muy muy muy vieja. En un viejo pueblo absorvido por la ciudad hace décadas, pero que se resiste a abandonar ese caracter de pueblecito. Una casa de una sola altura, nos encantaba porque nadie vivía abajo. La primera planta era de un viejo, que la estaba arreglando poco a poco pero que vivía en otro sitio. Como lo hacía casi todo él solo, casi no molestaba.
La casera era, si cabe, aún más extraña que la propia casa. Ahora mismo no recuerdo si se llamaba Mila o ese era el nombre del pequeño terrier que siempre la acompañaba. El pequeño bastardo correteaba por toda la casa cagando y meando, además de robar la comida que podía. Encima teníamos que poner buena cara, porque casi nunca pagabamos el alquiler a tiempo y para la casera aquél hijodeputa de cuatro patas era como un hijo. Además sabíamos por gente que la conocía que era cocainómana esto era una certeza. Y la certidumbre es que casi siempre que venía a casa a cobrar el alquiler iba hasta las cejas.
Una de las características que más miedo daba era que si te ponías en un extremo de la casa y mirabas acachandote un poco, podías ver que el suelo estaba completamente combado, hacía abajo. Y cuando caminabas por el pasillo (por llamarlo de algún modo) que dividía la casa en dos, temblaban todas las paredes. ¡Y en esta casa hemos llegado a estar más de 70 personas en una fiesta! No se como aguantó...
Y como regalo de navidad unas cuantas fotos de la casa

Foto de la galería/salón2/pasillo despues de una fiestecita...

Nuestra super cocina.

El polaco.
Moraleja: si el tio que te propone compartir piso tiene más piercings en la cara que agujeros anatomicamente correctos en ella, sostiene un porro y lleva rastas. Luego no te quejes de la vida ahí sea rara.

